Scioli y Amaya, ¿son parecidos políticamente? Si se mira a los que* están arriba de ellos* se podría decir que sí. El gobernador bonaerense debe soportar las presiones -políticas y de caja- y hasta las humillaciones del kirchnerismo; mientras que el intendente capitalino debe aguantar las amenazas sobre deudas y remisión de recursos del alperovichismo. “Scioli y Amaya comparten el estilo de no ser quejosos”, dijo el martes a LA GACETA “José “Pepe” Scioli, hermano del mandatario bonaerense. A la luz de las circunstancias que les tocó vivir y que deberán aguantar institucionalmente de cara a 2015, el hecho de no ser quejosos es un concepto entendible. Los sintetiza. Pero que más adelante, en pocos meses, deberán dejar de lado. Las conductas de debilidad institucional, o de sometimiento político, en algún momento deberán dar lugar a las* definiciones políticas*. Estas son las que marcan acciones y establecen diferencias entre los candidatos, y hasta definen elecciones. Por este lado, tanto el titular del Ejecutivo bonaerense como el intendente capitalino caminan por la misma vera, la de no romper definitivamente y mantenerse en una posición por ahora cómoda pero bastante ambigua entre que “soy y no soy” kirchnerista, o alperovichista. Scioli habla de “continuidad con cambios”, lo que implica no despegarse completamente de la gestión del kirchnerismo-cristinista. Es decir, aparece como “el” candidato del peronismo, o del PJ, para las próximos comicios, lo que abre la compuerta para aquellos electores que pueden ver en UNEN, en el PRO o en el Frente Renovador de Sergio Massa a los sectores que hablan estrictamente de “cambio”.

Este es el concepto clave a la hora de establecer diferencias netas: te muestras como lo nuevo, o no. Parecen posiciones extremistas, típicas de estos años de kirchnerismo -donde sos o no sos del palo-, pero que en épocas electorales convence a los indecisos, convierte a los dudosos y confirma la decisión de aquellos que han empezado a seguirte con alguna simpatía. Como dicen no pocos peronistas tucumanos: en la provincia, el que esgrimirá electoralmente la palabra “cambio” será el diputado nacional José Cano (UCR). Y algo arrastrará para su molino. Y Amaya pinta lejos de mostrarse con una definición de este estilo, menos puede decir que irá a una interna con el alperovichismo, que tiene toda la estructura del PJ disimulada en cada rincón del Estado para borrarlo en comicios y sacarlo de las boletas del oficialismo en 2015.

Es decir, el intendente está atrapado: no pude decir “continuidad con cambios” ni que será el del “cambio”. Está en tiempo de espera, agazapado, dejando que otros den los golpes verbales que él no puede dar contra el alperovichismo. Aguarda, creyendo que es la táctica correcta y la que más le cabe. En algún momento tendrá que definirse políticamente y desnudar sus cartas. Mientras tanto, pendulará en una ambigüedad que puede afectar sus pretensiones de ser candidato a “algo” en 2015. A diferencia de Scioli, el jefe municipal no puede elegir la interna, carece de estructura territorial para dar una batalla al alperovichismo. Debe otear el horizonte. Scioli, en cambio, tiene una estructura importante en Buenos Aires y está desplegándose a lo largo del país, por lo tanto, puede animarse un poco más que quedarse en la “continuidad con cambios”. Por ahora, él también está atrapado en el discurso.

Los otros competidores peronistas no tienen la estructura que el ex motonauta fue armando, ni Urribarri, ni Randazzo, ni el cada vez más lejos de alguna pretensión presidencial Capitanich. Puede salir a mojar orejas, pero algún día deberá mostrar las uñas, por decirlo vulgarmente. Lo tendrán que hacer tanto él, como Amaya, y todos aquellos que quieran ser candidatos del oficialismo, o del PJ. Por ahora, ambos están acotados a sus propias palabras y la falta de gestos contundentes. Son esclavos de lo que no dicen y de lo que no aún no se animan a hacer.